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nattberg
31 July 2007 @ 12:04 am

Hoy es un día aciago para todos los cinéfilos y, en general, para todos aquellos que saben apreciar el arte con mayúsculas: en su casa de la isla de Fårö, a una hora indeterminada de la madrugada, ha muerto, a los 89 años de edad, uno de los más grandes creadores que ha dado una industria tan inconstante, frívola y maravillosa como es la del cine; Ingmar Bergman, un luchador, un agonista, un déspota, inventor y destructor de fórmulas artísticas, tanto cinematográficas como teatrales, que pasará a la historia –ya figuraba en ella– como el cineasta más fulgurante y poderoso que ha pisado las tierras suecas, por encima de Sjöström, de Sjöberg o de Stiller; una mente desbordante e incansable, torturada por oscuras obsesiones, acosada por fantasmas de varia especie, capaz de convertir el exorcismo en arte. Porque sus películas no son sino eso: una purga de su mente atenazada, una válvula de escape, una escarpada y tormentosa vía a través de la cual alcanzar la liberación, rozar el Absoluto; un camino sembrado de criaturas desgarradas, expuestas en su desnudez ante lo inexplicable, lo incognoscible, ante ese Ser Supremo enmudecido de repente, ajeno a los sufrimientos terrenales, al sinnúmero de preguntas sin respuesta, a los ruegos incesantes de unos seres abocados a la oscuridad y el absurdo. Los comulgantes, El séptimo sello, Gritos y susurros, Persona… cualquier título de su amplia filmografía es significativo, tanto por sí mismo como dentro del conjunto, y su visionado, pese a requerir grandes dosis de atención y paciencia, no deja indiferente a nadie.
Siento que esta actualización, demorada hasta el escándalo, sea debida a tan trágico suceso. Es mi deber, no obstante, homenajear al fallecido y agradecer las múltiples horas de entretenimiento y reflexión que sus películas me han procurado. Con su muerte, se apaga toda una época de titanes cinematográficos, en la que Huston se codea con Fellini, Kurosawa y Kazan intercambian miradas de complicidad, Welles se acomoda en su asiento y Hitchcock se pasea por el fondo, seguido de cerca por Buñuel. Enlutado y pesaroso, brindo mi último adiós a quien decidiera, al menos en parte, mi estancia en Suecia, máxima referencia en mi acervo cinematográfico. Y no hay mejor manera de demostrar mi adhesión a tan magna personalidad que reencontrarme, una vez más, con su cine y recomendárselo a todo aquel que me salga al paso. A todos vosotros envío, pues, mi invitación, con la certeza de que no os defraudará.
Como dijo el otro, no somos nada; pero también es cierto que hay algunos que son un poco más que el resto.
 
 
Current Mood: sadsad
 
 
nattberg
25 April 2007 @ 08:44 pm
Hoy, a eso de las ocho de la mañana, me ha despertado un agudo dolor de barriga. Las sospechas se han disparado de inmediato y en mi mente ha aparecido una palabra fatídica, de esas que no quieres oír mencionadas ni en un radio de 10 km a la redonda (y no sólo por su terrible impacto fónico -sólo comparable al gráfico-, sino por las nefastas consecuencias que suele acarrear): SALMONELOSIS. Mi inquietud no era para menos: la noche anterior, siguiendo en la línea de mi vida equilibrada y poco dada a los excesos, me había endilgado una tortilla de chorizo zamorano a las doce de la noche y, como si nada, me había metido bajo las sábanas dispuesto a disfrutar de un sueño reparador. Mi atrevimiento no podía hacerse esperar demasiado: gracias a él, llevo penando todo el día por la casa, sin poderme llevar casi nada al gaznate y, a cambio, ingiriendo toneladas de basura televisiva, entre la que apenas he podido rescatar una entrevista al trasnochado Alfonso Sastre, ofrecida por la minoritaria y granulada televisión del barrio de Vallecas. Mi única compañía en todo este tiempo ha sido un tópico libro de Pirandello, un hedor infecto que no me molestaré en describiros y la persona de Ken, mi compañero de piso, con el que he tenido la oportunidad de conversar tanto y tan encendidamente como con el dramaturgo italiano, muerto hace más de medio siglo.

Pero volviendo a mi osadía, considero que merece figurar entre las mayores insensateces que he cometido en mi vida, apenas parangonable a aquella Nochevieja lluviosa en la que decidí saltar un muro ayudándome de un container o a esa otra vez en la que, tras descubrir que el horno no funcionaba, me metí entre pecho y espalda un pizza congelada. Y es que en esta ocasión, contaba con numerosas evidencias que, en un mundo perfecto, me habrían alejado de la ingesta de tal bomba alimenticia. La primera de ellas, que ni al más despistado se le escapa pero que yo decidí obviar olímpicamente, tiene que ver con el poder abrasivo del embutido castellanoleonés, que poco falta para que se sirvan de él en las voladuras mineras. Él fue, con toda seguridad, el causante de mi malestar presente. Queda, de todas maneras, otro detalle, aún más importante, que no debe ser olvidado en ningún caso, que ha de regir gran parte de mis decisiones futuras, al menos en mis refecciones, si no quiero precipitarme en el abismo de salmonelítico: la procedencia de los huevos. En efecto, aunque la fecha de caducidad aludiese a los primeros días de mayo, el lugar donde los compré es más que propenso a la suspicacia, sobre todo en lo que se refiere a la frescura de los productos expuestos. No exagero: hace varias semanas compramos un bote de Nutella -minutos publicitarios- que había caducado hacía un año. Si consideramos que dicho producto tiene una vida de hasta dos años (el bote por el que me cambiaron la muestra putrefactada señalaba el 2009), eso quiere decir que el que yo me llevé a casa había sido colocado en la estantería en torno al 2004 o, como mucho, el 2005. ¿Qué esperar del resto, pues? ¿Cómo arriesgarse a comprar algo tan delicado como huevos en tal lugar? En fin, por suerte, no ha sido cosa suya, ya que, de lo contrario, ahora mismo estaría echando el alma en cualquier servicio de hospital. En mi situación, confío en que mañana me despierte lozano como siempre, y sin el regustillo a chorizo que hoy me ha acompañado todo el día. Para el futuro, sin embargo, habré de aprender de casos como este.

Y después de haceros sufrir con esta brasa increíble, que seguramente importa menos que los presupuestos del estado de Islandia, acabo por confesar mi culpa, que espero esté suficientemente justificada: no he ido a votar a la universidad. El próximo rector, pues, no contará con mi voto, que se ha quedado conmigo en la cama. Aunque, si he decir la verdad, no tenía ni idea de a quién votar y, si por mi fuera, me habría dado exactamente lo mismo que saliese elegido el mismísimo Coco de Barrio Sésamo -con el que, por cierto, uno de los candidatos guardaba una inquietante semejanza. Menos mal que, al menos, aún quedan las elecciones locales, en las que participaré con el pleno derecho de un madrileño de adopción que, mal que mal, va encontrando su sitio en esta inacabable urbe.

Aquí están los aspirantes, sonrientes como almas cándidas (menos Berzosa, el actual rector, que parece pedir limosna). El que parece salido del mundo de Espinete es, obviamente, el primero a la izquierda.

 
 
Current Mood: crappycrappy
Current Music: Los ladridos de un puto perro que no se calla ni a la de tres
 
 
nattberg
17 April 2007 @ 12:41 am

Hoy nos han hablado de este tipo en clase de teatro polaco. Un verdadero talento que se adelantó a su tiempo de una manera sorprendente, de tal modo que se le considera uno de los principales precursores del teatro del Absurdo, cuya primera manifestación -La cantante calva de Ionesco- no vería la luz hasta casi diez años después de la muerte de Witkiewicz. Incomprendido en su época, ridiculizado por muchos, sería recuperado por el famoso director de escena Tadeusz Kantor, quien, junto a Jerzy Grotowski, forma parte de la élite vanguardista de la escena, no sólo polaca sino también universal. Su figura, pese a todo, es completamente desconocida en España, hasta tal punto que resulta casi imposible dar con una traducción de sus obras; y no todas ellas están traducidas, por supuesto. Sea como sea, lo que más me llamó la atención de este individuo, más allá de sus interesantísimas ideas sobre la creación artística -comparables, en el ámbito de la poesía, con un Vicente Huidobro- o sus más que sobradas aptitudes para la pintura, fue su carácter marcadamente excéntrico y, por encima de todo, infatigable. Se interesó por todo, tocó todos los campos (la poesía, la narrativa, la música, la pintura, la dramaturgia, la filosofía, etc.) y en todos ellos obtuvo resultados más que apreciables. Un carácter curiosísimo por el mundo que lo rodeaba y que, pese a todo, siempre vivió bajo la sombra de su padre, un eminente intelectual de la época que se empeñó en educar a su hijo en la casa familiar. Hasta tal extremo sufrió Witkiewicz de complejos de inferioridad con respecto a su padre, que terminó por cambiarse de apellido: así, en Polonia hoy se lo conoce por nombre de Witkacy. Su biografía está llena de anécdotas: de la que me acuerdo ahora cuenta que su primera novia se suicidó lanzándose desde un acantilado, lo cual le ocasionó al artista una profunda depresión de la que no saldría hasta años después. Como esa o parecidas, se encuentran por doquier en su paso por el mundo... e incluso después del mismo, pues al trasladar sus restos mortales al balneario en Zakopane, alguien cayó en la cuenta de que se habían equivocado de tumba y tuvieron que regresar los huesos ajenos y volver a exhumar, ahora sí, al verdadero Witkiewicz.

Pero bueno, a mí lo que más me gustó de este hombre fueron las fotografías que, durante su vida, se hizo a sí mismo o posando con amigos o parejas. Sólo a través de estos impagables documentos he llegado a comprender que, si Witkiewicz viviera ahora y tuviera la oportunidad de conocerlo, seguramente nos llevaríamos muy bien: como yo hago la mayoría de las veces, acostumbraba a hacer gestos ante la cámara, poner caras de loco, de modo que no hay apenas fotos en la que salga luciendo su verdadero rostro. Pocos indicios como ese para saber que alguien no se toma en serio, no sólo a sí mismo, sino también al mundo que lo rodea.







Qué jefe.

 
 
Current Mood: artisticartistic
 
 
nattberg
12 April 2007 @ 10:05 pm

"- Hay un monstruo en la cocina. Lo he visto... ¡y me ha mirado!

- ¿Y tú qué has hecho?

- He salido corriendo como alma que lleva el Diablo."



¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAARRRRRGGGGGG!!!

Esto, que parece sacado de una película de terror de esas que hacen que las palomitas se conviertan en gravilla en nuestra boca, no es sino una conversación que, hace sólo unas horas, he mantenido con uno de mis compañeros de piso. El año pasado me quejaba de que a veces me faltaba poco para tener que entrar a cocinar con pértiga, pero es que este año, viviendo con este par de Erasmus que, si hay algo a lo que dediquen menos tiempo que a estudiar, es a dormir, la cosa se está poniendo tan fea en la cuestión de la limpieza, desinfección y erradicación de todo tipo de forma viviente no deseada (que no pertenezca a la raza humana, claro), que no nos va faltando más que el canto de un céntimo de euro para que tengamos que pertrecharnos de escafandra y lanzallamas para poner el pie en la cocina. En serio: anteayer regresé de vacaciones y, nada más abrir la puerta, me encontré con que quienes primero habían salido a recibirme eran tres bolsas de basura, llenas a rebosar, que, desde su posición en el suelo, repantingadas como si allí no pasara nada, me miraban inmutables, casi desafiantes. Ese no sería, pese a todo, más que el principio, pues al llegar al frigorífico -llevado, más que nada, por la costumbre y no con la esperanza de encontrar alimentos en buen estado- me di cuenta de que la habitación apestaba más de lo normal. Comencé a chequear los bultos de la nevera con el temor de encontrar fungosidades venidas de otro planeta, pero, tras constatar que allí no había más que un par de alimentos pútridos, incapaces de producir aquella pestilencia, cerré la puerta y me dirigí al fregadero, que a la sazón apenas se veía, debido a la montaña de adminículos culinarios que allí se apilaba sin respetar orden conocido. Abrí el armario situado en su parte inferior, donde también acumulamos la basura (aparte de en el pasillo), y di con el foco del hedor: por el suelo del armario se extendía una mancha negra de líquido inidentificable de la que emanaba la mayor peste que os podáis imaginar y que parecía llevar allí semanas. Cerré la puerta con espanto y a punto estuve de echar hasta las muelas. Proferí un par de juramentos a la vieja usanza y me encaminé a la habitación de mi compañero alemán, Kristian. Él, sin embargo, me informó de lo que ya me temía: todo aquello era obra de Ken, el otro "flatmeit", este de Flandes. Coherente con su trayectoria, no había limpiado nada desde que su caterva de amigos, que vinieron a pasar la Semana Santa en Madrid y a dormir (espero que no más) entre las sábanas de mi cama, se marchase dejándolo todo hecho unos zorros. En efecto, también el resto de la casa estaba para prenderle fuego y olvidarse del asunto. Suerte que, al menos, tuvo la decencia de limpiarla (a su manera, eso también es cierto) antes de que fuera demasiado tarde. El incidente de la cocina, a pesar de todo, sigue inexplicado, pues antes de que pudiéramos interrogarlo como Deus manda, ya estaba haciendo las maletas para irse a Francia durante dos semanas. Ahora, entre Kristian y yo, nos hemos propuesto darle un repaso a la casa y tratar de dejarla lo más respetable posible, también, a manera de experimento, para comprobar hasta qué punto la suciedad proviene de nuestro querido Ken. A ver quién sale vencedor.

Eso es todo. Ya sé que, para ser una entrada que llevaba tiempo demorándose, es bastante apestosa (además literalmente). pero bueno, tendréis que conformaros con lo que hay. Y si no, ya sabéis que podéis hacer: venir a ayudarme con la limpieza.

 
 
Current Mood: mischievousyeah!
Current Music: Techno, techno, techno!!!
 
 
 
 
nattberg
06 March 2007 @ 12:07 am
Hoy, a eso de las tres de la tarde, tras haber estado a un tris de quebrar las líneas de mi frente o estampar la misma contra el muro más cercano, he decidido mandar a paseo las siete hojas que había escrito de un trabajo para el doctorado. Por supuesto, no es que las haya destruido ni quemado: nunca he sido una persona pasional, y creo que es demasiado tarde para empezar a serlo; máxime cuando para llevar a cabo tal heroicidad, me vería obligado a prender fuego al ordenador o a tirarlo por la ventana (aunque vivo en un primero y es más que probable que sobreviviese). Y tal como está la vida, mejor es pensárselo dos veces antes de dejarse llevar por el arrebato poético. Lo único que hecho, pues, ha sido abrir un nuevo documento de Word totalmente en blanco y, con una paciencia que pretende ser infinita, dar nuevo comienzo al ensayo. A veces ocurren estas cosas: de repente uno se siente contra las cuerdas, agobiado por el berenjenal en el que, sin comerlo ni beberlo, ha desembocado y sin idea de la dirección que tomar, y lo mejor que se puede hacer es mirar cara a cara al conflicto, agarrarse bien los machos y embestir cual bestia peluda, sin miedo a la caída ni remordimientos por lo que se deja atrás. Esperemos que haya sido el movimiento acertado.

Por lo demás, ha sido un día bastante apacible. Después de pasar tres horas seguidas sentado frente al ordenador, medio enterrado bajo una maraña de papeles, tecleando el trabajo, frunciendo el ceño con saña o rascándome en lugares poco aconsejables, me he enfundado la pelliza y, sin dar demasiadas explicaciones a mis compañeros de piso, he salido a ver mundo. El difunto bichopalo, cuyo espíritu aún se deja ver de cuando en cuando en diferentes ámbitos (aunque siempre de noche), se encontraba por el centro de la urbe, acompañado de dos amigos que han venido a hacerle una visita de la kafkiana Chequia, y también de la inefable Violeta, a quien, en los últimos días, ya veo hasta en el fregadero, pero cuya presencia siempre es motivo de alegría. Los cinco, pues, hemos caminado hasta desembocar en Lavapiés e introducirnos en una tetería libanesa, donde nos ha atendido un camarero con pinta de jamaicano que, por su dominio del español, no debía de tener demasiado contacto con el mundo exterior. Allí la conversación se ha desarrollado entre el idioma patrio, el italiano y el inglés, sin llegar a alcanzar un buen nivel de comprensión en ninguna de las tres lenguas, pero llenando los momentos de silencio con sorbos de té y mordiscos a comida ajena. La velada, pese a todo, ha sido deliciosa y, pese a terminar de manera abrupta y poco espectacular (considerando, sobre todo, los rosarios de la aurora que han llegado, en ocasiones, a organizarse), aún quedan días y la cosa promete.

Y ahora me voy ya para la cama, que estoy cansado y casi no sé lo que digo. Mañana, además, me toca madrugar como buen doctorando como -cada día me convenzo más y más- soy. Os dejo con que los cuadros de M. C. Escher más me gustaron de la exposición a la que fui ayer. Agur, gañanes.

 
 
Current Music: Crash Test Dummies - Mmm, mmm, mmm, mmm
 
 
nattberg
Se suponía que mañana iba a ir al Rastro para comprar pósteres, macetas y otras zarandajas que se me ocurrieran. No obstante, como podéis imaginar, las horas a las que escribo hacen que cualquier madrugón se torne poco menos que impensable. En fin: otro domingo más en la parra, buscando cosas que hacer por todos los rincones y puliendo con esmerado afán mis desiguales recuerdos de la semana ya transcurrida.

Llevo un tiempo considerablemente largo en un estado que la palabra inglesa "standby" define a la perfección: se me pasan las horas, pierdo los autobuses, se me olvidan cosas importantes, no doy señales de vida a personas que me importan... Supongo que al menos algunos de vosotros sabréis a qué me refiero. Esa es la razón de cosas como la del Rastro se sucedan con cierta regularidad. Sea como sea, lejos de traumatizarme con ello, trato de encontrarle solución de todas las maneras posibles: pongo la alarma del móvil, garrapateo en una agenda cuando me viene a la cabeza (casi nunca), relleno a tientas una lista de cosas por hacer y, sobre todo, invado la pared de mi habitación con post-its; lo malo es que no son demasiado adhesivos y, de cuando en cuando, alguno se despega y acaba relegado al ostracismo del suelo, con lo que pierdo la referencia y, sin darme cuenta, olvido qué ponía e incluso su existencia; sólo al cabo de un lustro y medio, cuando me da por limpiar la habitación, doy de nuevo con él, recubierto de una gruesa, tóxica y enmarañada capa de polvo, y caigo en la cuenta de que, una vez más, se me ha escapado una cita importante.

De todas formas, como os digo, intento ser lo más eficiente posible, y hay veces que da sus resultados. Esta semana, por ejemplo, no ha estado tan mal. Dejando a un lado los carnavales gijoneses -que, contra todo pronóstico, estuvieron muy bien, y me tuvieron de farra hasta más de las 8 de la mañana, con un disfraz que más me vale callar-, he aprovechado para hacer bastantes cosas: ¡hasta me he puesto a escribir un trabajo del doctorado! Y lo que es mejor: ¡a lápiz, a la antigua usanza! Aun así, el mayor énfasis lo he puesto en recuperar un poco mi vida social, la cual, últimamente, se iba pareciendo cada vez más a la del ya mentado -hace siglos, por cierto- Simón del desierto; con lo me he juntado con gente de la más diversa catadura para hacer las más variadas actividades: salir a correr, ir a museos, asistir a conferencias, jugar a las cartas, escupir por la ventana a los transeúntes... ese tipo de cosas. A ver cómo sigue el asunto.

Y nada más, chicos. Se me cierran los ojos y ya ni siquiera me acuerdo de por qué me puse a actualizar el journal: creo que iba a hablar de los conductores de autobús de Madrid, hacia los que vengo desarrollando, ya desde hace unas semanas, una animadversión irracional que, un día de estar, va a terminar llevándome a encararme en serio con uno y acabar saliendo por la ventana. No sé qué opinaréis del gremio, ni si alguno de vuestros familiares o amigos trabaja en tan infausta compañía, pero lo que es yo, ME CAGO EN LOS AUTOBUSEROS DE MADRID. Otro día os explicaré mis razones, que, como os digo, estoy hecho polvo. En todo caso, quedaréis satisfechos -espero- aquellos que me habéis conminado a que no abandone la escritura de este compendio de mis "fortunas y adversidades". Si no,

Os dejo con el inextricable mundo de David Lynch, en el que, con un poco de suerte, me adentraré esta semana:



Joer, qué cutre es el cartel. Espero que la peli esté mejor. El tráiler, por lo menos, promete, aunque sea la hostia de friki:


Ah, y también he encontrado esto:


Con todo lo que digan, a mí el Jim Carrey, como diría uno de la Cuenca, mólame mil; y al que no'i mole, doile con la fesoria.
 
 
Current Location: El limbo
Current Mood: okayokay
 
 
nattberg
23 February 2007 @ 12:38 am
Joder.

Para una vez que actualizo, voy y cuento cosas con las que ya había dado la tabarra en otra ocasión. Una de dos: o ya empiezo a padecer de Alzheimer (lo cual, echando un vistazo a mis últimos y monumentales despistes, quizá no sea tan descabellado), o es que mi vida, trabajos, compromisos y empanadas de Móstoles aparte, no es tan movida como solía o trataba de haceros creer.

En fin. Interpretaré esto como una señal que me envía el hado, a la manera de cuando se me vino el calendario encima en medio de la noche, o esa otra ocasión en la que, al abrir la ventana de mi habitación, el traicionero viento se llevó consigo un folio en el que había empezado a pergeñar un relato (o algo que se le parecía), y es probable que tome una decisión drástica en cuanto al journal: o sigo escribiendo como Dios manda o cierro el chiringuito y me dedico a otra cosa. Las treinta y pico entradas sin leer que se acumulan en mi sección de "Friends" (que, como siga así, va aterminar llamándose "Enemies") me sugieren la segunda, y yo mismo veo el desproporcionado lapso que media entre cada uno de mis posts; a pesar de todo, no perderé la esperanza y, confiando en la próxima estabilización de mi persona y mi mente, no cabe descartar que vuelvan los buenos tiempos.

Sea como sea, que tengáis felices sueños y nos vemos en el momento más inesperado.
 
 
Current Location: La parra
Current Mood: embarrassedembarrassed
 
 
nattberg
22 February 2007 @ 04:53 pm

Como sin duda han podido apreciar los avispados lectores del journal, hace media vida que no actualizo esta suerte de diaro (que, bien mirado, mejor haría en llamarlo "diarreo", pues, como su correspondiente femenino, sólo se manifiesta de tarde en tarde y en el lugar y momento más inopinados). Ello no se ha debido, sin embargo, a inquinas personales con ninguno de mis comentaristas ni con el resto de la caterva livejournalera, como tampoco ha tenido nada que ver con la actitud de divismo que mucha gente, incluso en estos mismo lares, se muestra proclive a desarrollar cuando le prodigan un par de halagos (que ni siquiera tienen que ver con su aspecto físico). Lo único que ha ocurrido es que he estado hasta arriba, bien de trabajo, bien de dudosos compromisos sociales, bien de esa sana empanada mostolera que nunca viene mal. En este tiempo, además, he tenido dos de las revelaciones más trágicas que podían sobrevenirme en lo que a mi carrera profesional se refiere, las cuales han propiciado que haya empezado a buscar bancos y rincones cómodos en los parques y a proveerme de cartones que me protejan de las duras noches madrileñas al raso. Sea como sea, como prueba de deferencia y en honor a la prudencia y al particular decorum que este formato requiere, procederé a obviar su explicación y sólo revelaré de qué se trata a quien me lo pregunte y en reducidos cónclaves; faltaría más.

A pesar de lo expuesto, no todo son males en mi vida. Para regocijo de mi propia persona y de aquellos que tenían la mala fortuna de acompañarme en las comidas y cenas a las que los invitaba antes de Navidades, por fin me he mudado de cueva. Ahora comparto piso, cubiertos, sofás y baño (y no descarto lecho) con dos Erasmus desorejados que pasan en casa el mismo tiempo que yo mismo el año pasado (es decir, casi nada) y a los que, siempre que puedo, hostigo con mis experiencias de cuando yo mismo disfrutaba de esa gloriosa beca (ejem, limosna). Sus nombres, Christian y Ken (como el de Barbie, aunque con pinta de gabacho), y sus nacionalidades, alemana y belga (aunque de la parte de Flandes, allá donde repartía mamporros el mismísimo Alatriste). De momento no hemos salido juntos a ningún sitio, pero sólo es darle tiempo al tiempo para que me introduzca una vez más en ese bello y corrupto mundo del que, si uno fuera listo, nunca se saldría.

Y bueno, creo que ya es suficiente por hoy, gañanes míos. Voy a ver si estudio un poco (¡¡¡Sí!!!).

May the worst be with you.

 
 
Current Music: Nirvana - Something in the Way
 
 
nattberg
08 February 2007 @ 11:27 pm